A partes iguales (de 3 a 7 años)

Seguro que a estas alturas ya os habéis leído todos los libros que he ido proponiendo, ¿verdad? Pues no os preocupéis, porque en ¿Me pone un biberón? Lo último que se me va a olvidar es proponer un libro nuevo para los peques. 

Los compis de la editorial OQO nos hablaron un día de A partes iguales, un librito dirigido a niños de entre 3 y 7 años, que trata sobre las desigualdades dentro de una sociedad y los beneficios de trabajar en grupo.


Esto era una joven
que, a falta de trabajo,
se echó a andar en busca de fortuna.

En un campo de labranza
se encontró a Brazodegorila.

La joven le dijo:
—¿Quieres venir conmigo?
—Soy libre –respondió él–.
Ni obedezco a jefes ni sirvo a señores.
—Lo repartiremos todo a partes iguales –dijo ella.


Con esta propuesta justa y equitativa, la joven recluta a lo largo de su periplo a otros tres personajes más: Orejademurciélago, Hocicodetoro y Ojodeáguila. Cada uno de ellos con una habilidad física especial y única. En un principio, utilizarán estas cualidades en beneficio del grupo y, finalmente, al servicio de todos los habitantes de un pueblo sometido a la tiranía de un rey cruel, injusto y mentiroso. 

Gonzalo García, Darabuc, ha decidido recuperar y versionar este cuento popular, uno de sus favoritos de niño, al considerarlo adecuado y “valioso” ante el momento socioeconómico actual: “permite reflexionar sobre las relaciones de desigualdad entre los individuos en la sociedad y de esta con sus gobernantes”.

No obstante, a tenor de los nuevos tiempos, interpretó que era necesario reescribir ciertos aspectos, como la incorporación de personajes femeninos, ya que en las diferentes versiones populares —entre las que se encuentra Los asociados de Bravo-Villasante— todos los protagonistas eran hombres.

De igual modo, frente a los personajes anónimos del relato tradicional, Darabuc apostó por trabajar con nombres propios y decidió llamarlos según sus características físicas. El motivo: facilitar la comprensión narrativa en un relato que introduce muchos personajes (los cinco protagonistas, el rey y varios secundarios).

En todo caso, la aportación más significativa de la versión de Darabuc es que convierte A partes iguales en un alegato a favor de un sistema social y político basado en relaciones entre iguales. A lo largo de toda la historia subyace la proclama de “libertad, igualdad y fraternidad” que estuvo detrás de las conquistas políticas y sociales conseguidas en la Revolución francesa.

En este sentido, el escritor alerta de un modelo de relaciones asentado en todo lo contrario. Así, pone como ejemplo un grupo de niños en el patio del colegio: “se reúnen y organizan por sí solos, pero en contra de la bondad natural del niño, a menudo crean jerarquías desiguales donde es fácil que haya infelicidad”, lamenta. Por este motivo, el relato desarrolla con cuidado la negociación previa de las condiciones (Vamos todos a partes iguales) para que no se cree una estructura piramidal, en la que las bases trabajan y la cúspide se beneficia.

Darabuc no niega que en su versión busque intencionadamente una lectura paralela con la coyuntura económica actual, “completamente dominada por jerarquías”, reprueba. Por ello, este cuento ofrece un reparto justo de obligaciones-trabajo y compensaciones (A partes iguales, cruzaremos juntos la tierra y los mares).

Este modelo tiene recompensas para el individuo y para la sociedad en su conjunto. Así, en A partes iguales nuestros cinco aventureros no solo acaban consiguiendo su objetivo, sino que logran instaurar un sistema más justo y democrático, en el que se restaura la función de gobernar desde el pueblo y para el pueblo.

“Esta actitud es útil siempre, pero a día de hoy, ante el clima actual de malestar social, parece aún más importante. Y es algo que no puede transmitir una asignatura de valores, sino historias que al hablar de ello nos emocionen, nos hagan pensar y movernos”, promueve Darabuc.

Este no es el único valor asociado que transmite el cuento. A partes iguales es también una defensa de la cooperación y el trabajo en equipo. Los cinco protagonistas tienen cualidades extraordinarias, pero el éxito dependerá de la colaboración y participación de todos. Si alguno hubiera fallado, no habrían logrado el objetivo y habrían fracasado en la prueba impuesta por el rey para lograr la recompensa.

De este modo, Darabuc transmite al lector que cada uno de nosotros tiene algo que aportar al grupo “y todos merecemos la autoestima asociada”. Y esta aportación y colaboración no se limita al compañero de viaje. “Hay personas que sufren a las que nunca debemos olvidar”, subraya Darabuc, quien por este motivo incorporó una figura más al reparto de la recompensa (…para los muchos pobres que en el mundo hay.) y que no estaba en el cuento original.

Lina Žutautė

Lo que sí está presente en todas las versiones es el carácter aventurero del cuento que tan bien plasman las ilustraciones coloristas de Lina Žutautė, realizadas con óleo sobre cartón, aunque retocadas digitalmente al final.

Lo primero que le interesó y le inspiró del texto fueron las características fantásticas de cada uno de los personajes. Por ello, la ilustradora lituana se esmeró en hacer “memorables” las especificidades de cada uno de ellos: la fortaleza, la capacidad auditiva, la vista…

En segundo lugar, la oportunidad que le ofrecía la historia de trabajar con la ficción (las cualidades casi sobrenaturales de los protagonistas), lo que le permitió manipular tamaños (brazos, orejas…) aunque siempre teniendo en cuenta que debía dejar espacio para la imaginación de los lectores. Pensando siempre en ellos y en el juego que ofrece la posibilidad de la relectura, decidió incorporar imágenes a modo de símbolos para ir descubriendo en cada nueva lectura.

En todo caso, Žutautė tiene presente la crítica a las desigualdades del relato de Darabuc e incorpora a sus ilustraciones esta denuncia. Así, tanto en las guardas del libro, como en la figura del rey representa a diferentes pájaros enjaulados: “En mi opinión, los esclavizados se sienten exactamente así”, argumenta para justificar su propuesta.

De la misma forma, uniforma a los habitantes del pueblo con ropas oscuras lo que hace imperceptible la diferenciación de sexo o edad. De este modo, busca igualarlos en la desdicha: todos sufren de la misma manera un mandato cruel.

A la vez, el fondo de las ilustraciones pasa de ser colorista a gris cuando los cinco protagonistas llegan a la capital de reino.

En cuanto el pueblo es liberado de la tiranía del rey, el color aparece en sus vestimentas y podemos ver más rasgos físicos de sus habitantes, lo que simboliza la recuperación de su identidad, anulada durante años.

En la última escena, donde los pobres reciben parte del oro del rey, Žutautė decide hacer uso de una imagen que comúnmente se “asocia a la felicidad”, el arcoíris. Con ello, refuerza el final optimista del texto de Darabuc: un mundo mejor y más justo es posible.

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